¿Qué tienen en común Hollande y Rajoy?

EUROPA IMaría Irigoyen para el Heraldo de Soria

¿Qué tienen en común Hollande y Rajoy?

 

LA respuesta es fácil, nada o casi nada a la vista del programa de propuestas del socialista y próximo presidente de Francia, François Hollande. Entre sus prioridades están: la igualdad, los jóvenes, la justicia social y la educación. Los franceses rechazaron a Sarkozy por su ausencia de ideología, de estilo, por su arrogancia y su chalaneo político. Los franceses, al votar a Hollande, eligieron al hombre tranquilo, modesto, con sentido de Estado y con propuestas para recuperar la confianza, el ‘sueño francés del progreso’ y la cohesión social, rota por una campaña electoral volcada contra la inmigración. El próximo presidente recupera la Política con mayúsculas y trabajará por volver a la autoestima de país, para salir de la crisis sin recortar y adelgazar el Estado de Bienestar.

 

Los caminos de España y Francia se bifurcan por el plan de ruta de Hollande, pero espero que, por el bien de la ciudadanía española en aras del interés común, el camino pueda correr paralelo y converjan en algunos temas. Siempre y cuando, Rajoy apoye medidas para impulsar el crecimiento y deje de tener la voz, como hasta ahora, dormida en la UE.

 

Han pasado diecisiete años para que un socialista francés sea elegido presidente. Para Hollande, este hombre sencillo y de estilo campechano, al que tuve la oportunidad de conocer hace algunos años y de apoyar su candidatura hace unas semanas en un encuentro que mantuvo en Estrasburgo con los diputados europeos socialistas, «la austeridad no puede ser una fatalidad ». Su prioridad será el crecimiento y el progreso.

 

Abundando en las diferencias, Hollande quiere ser el presidente de todos los franceses, inimaginable en los responsables del PP cuando un día sí, y otro también, siguen echando la culpa de todos los males a Zapatero. Sólo ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el suyo. La vicepresidenta, Sáez de Santamaría, insiste en utilizar frases huecas, sólo atractivas mediáticamente, cuando se refiere a la necesidad de sumar apoyos para adoptar medidas que palien los efectos de la crisis. Esta semana se están debatiendo en el Congreso las Enmiendas a los Presupuestos Generales del Estado. Si el Gobierno de Rajoy tiene la intención de contar y sumar apoyos, es decir, de apostar por el consenso y el acuerdo, debería empezar por hacer propósito de enmienda. Es decir, propiciar el acuerdo y huir de todas las medidas que debilitan al Estado y que reducen a mínimos la igualdad de oportunidades, la sanidad universal de calidad y gratuita, la defensa de la escuela pública, además de seguir invirtiendo en I+D+i para hacer crecer a nuestro país en competitividad. Confiar en la capacidad de España y de los españoles.

 

Sabemos que hay distintas formas de entender y gestionar la política. Y, por supuesto, que hay otras políticas que no se apoyan sólo y exclusivamente en la austeridad para salir de la crisis. Más bien al contrario. La diferencia podremos observarla de cerca porque afortunadamente hay dos comunidades en las que sus ciudadanos van a sentir que no están solos. En Andalucía y en el País Vasco habrá otras políticas posibles de salida a la crisis. Cuentan con políticos sólidos y experimentados que, donde hay problemas ven soluciones y salidas a los retos en estos tiempos difíciles.

 

Los Presupuestos Generales del Estado del Gobierno de Rajoy son los presupuestos más austeros, drásticos y dramáticos de la España democrática.

 

Las medidas de política económica de Rajoy apoyadas, sólo y exclusivamente en los recortes y aplicando las medidas antisociales más duras de este periodo democrático, ralentizará, sin duda, la actividad económica y la recesión se hará mas profunda. Si la contracción presupuestaria impide el crecimiento se comprime la actividad. Es decir, el desempleo seguirá aumentado y muchos de los nuestros seguirán en el abismo personal y laboral. Un millón y medio de hogares españoles tienen a todos sus miembros sin trabajo, sin futuro y, en el mejor de los casos, éste lleno de incertidumbres. Hoy más que nunca son necesarias medidas solidarias, medidas que la señora Cospedal define como el «maná».

 

¿Ha acertado el presidente Rajoy en la selección de los ajustes? Las declaraciones de algunos de los responsables de organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo, dudan de que los recortes sean la terapia adecuada y los mercados siguen castigando a nuestro país. Esto significa que cobran intereses más altos cada vez que el Gobierno emite deuda pública. Un país pesimista, deprimido, que impone a sus ciudadanos un mayor peso sobre sus espaldas del que les corresponde, nunca puede salir adelante. Se equivoca el presidente Rajoy en aburrirnos con su cantinela de que las medidas que está tomando son las que este país necesita. Necesitamos esperanza y soluciones.

 

Hay otras políticas posibles. Afortunadamente en Bruselas empieza a correr a gran velocidad la necesidad de aplicar medidas que contribuyan al crecimiento. Parece que se han hecho eco de las propuestas de François Hollande, basadas en un programa de políticas dirigidas a favorecer el empleo, una nueva Ley de Educación acorde a las necesidades del mercado laboral, un nuevo contrato laboral generacional, es decir, dar ayudas a empresas que contraten a un joven y mantengan a un veterano que le enseñe el oficio, que limite las remuneraciones de los directivos de las empresas públicas, suprima algunas exenciones fiscales a los más ricos, además de aplicarles una subida de impuestos.

 

Este país necesita creer en sí mismo, recuperar el ánimo y la confianza para salir adelante. No perdonando a los que defraudan, no, sino aplicando la ley por engañar a todos y trasladarnos un problema del que la ciudadanía no es responsable. En el último barómetro del CIS, los españoles manifiestan su preocupación por la situación económica, pero también por la evolución de la sanidad y la educación.

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